Autor: Benjamín Morales, 2° B "Mandela"
Un amigo me
contó un día, que en una noche muy oscura, con una niebla muy densa era el
escenario perfecto para realizar lo que él quería hacer con algunos de sus
amigos. Era la noche de Halloween, donde todos los niños hacen el mismo ritual:
Salir a pedir dulces a las casas. Mi amigo se llamaba Sebastián, y lo que él
quiso hacer con sus amigos después de pedir dulces, era ir a la medianoche al
cementerio.
Cuando llegó
la medianoche, fueron a la entrada del cementerio donde había una gran reja que
protegía el lugar. Los guardias abrieron las puertas y las entradas,
permitiendo que ellos entraran al lugar.
Sebastián
portaba una grabadora de audio que permitía grabar la excursión que ellos
estaban haciendo en el cementerio. Ellos grababan las cosas que ellos hacían,
narraban todo lo acontecido y narraban los gritos y el terror de algunos en el
cementerio.
Mientras
estaban frente a la tumba, Sebastián y sus amigos estaban aburridos y un poco
decepcionados por no haber encontrado ningún fenómeno paranormal (Ya que ellos
querían ser testigos de algo similar). Luego de eso, escucharon unos pasos
provenientes de otro lugar. Ellos se extrañaron, ya que los pasos no provenían
de donde ellos estaban. Luego se atemorizaron cada vez más, porque esos pasos
se escuchaban cada vez mas cerca. Ellos, muy atemorizados se reunieron cada vez
más pensando entregarse a ese malévolo espíritu que los estaba atormentando.
Mientras tanto, una amiga de Sebastián, llorando dijo: -Tengo miedo-. Luego de
eso salieron corriendo y nunca más volvieron.
Cuando
salieron del cementerio, nunca más volvieron. Sebastián y los demás quisieron
escuchar la grabación que habían grabado con la grabadora de audio. Mientras
escuchaban la parte donde los seguían los pasos, a demás de los pasos se
escuchó un llanto de una mujer que ellos no había oído. Cuando escucharon la
parte donde la amiga de Sebastián decía: -Tengo miedo-, se escuchó la voz muy
dulce de una mujer triste diciendo: -Yo también-. Sebastián y sus amigos no
podían creer lo que estaban escuchando, y con sus amigos, con mucho terror,
quemaron la grabadora para no saber más de ese suceso.
Años más
tarde, la amiga de Sebastián (desconozco el nombre de ella) estaba con
Sebastián y con otros amigos reunidos jugando a las cartas. Ellos muy aburridos
por jugar siempre a lo mismo, quisieron hacer algo mucho más interesante:
Invocar el baile del Joker. Asi que se pusieron de acuerdo para traer las
cartas y los implementos necesarios para hacerlos.
Se reunieron
en un recreo en una mesa de la sala de clase a intentar invocar el Joker.
Después de varios intentos fallidos, el Joker por fin bailó. (El baile del
Joker consiste el que la carta se eleva y gira). Todos sabían que tenían que
tener respeto por el Joker para que no se enojara, excepto la amiga de
Sebastián, que al ver la carta moverse, muerta de la risa dijo: -¡Que gracioso
se ve la carta bailando!-. Sebastián y sus amigos no pudieron creer lo que
acaban de ver. Su amiga recibió un fuerte golpe en la cara, donde se le marcó
una mano bastante grande en su mejilla, la cual terminó sangrando (El golpe del
Joker consistía en la rabia que el Joker tenía por la persona la cual se burla,
y la golpea con un implemento que el Joker tenía. En este caso el joker no
poseía ningún implemento, por lo que el Joker lo golpeó con su propia mano).
Llegaron
paramédicos y auxiliares del colegio donde la niña para ayudarla.
Sebastián me
cuenta que el habla ahora por las redes sociales de internet, y dice que ella
siempre al bañarse, con el vapor de la ducha, al empañarse en los vidrios y los
espejos, se forma la cara del Joker riéndose. A veces ve diseños de corazones,
picas, diamantes y tréboles, y a veces un mensaje que en inglés dice: -Te estoy
viendo-.
A Sebastián no
le queda nada mas que decir: -Pucha, lo siento.
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